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Carlos Irusta: El hombre que «estuvo ahí» y el guardián de la memoria del boxeo

En una emisión especial de Boxeo de Barrio: El Podcast, Joaquín Ramos y el profesor Fernando Albelo recibieron en el Defensores de La Boca Boxing Club a Carlos Irusta. Una charla que recorrió décadas de historia, desde los pasillos del Luna Park hasta las grandes veladas de Las Vegas, con el pretexto de su nueva autobiografía: «Yo estuve ahí».

El boxeo no es solo lo que sucede arriba del ring; es, sobre todo, lo que se cuenta abajo. Y si hay alguien que ha sabido narrar el arte de las narices chatas con elegancia y precisión, ese es Carlos Irusta. En una visita que prestigió nuestro estudio, el maestro compartió una «clase magistral» de periodismo y vida junto a Joaquín Ramos y el Profe Fernando Albelo quien, en nombre del Defensores de la Boca Boxing Club, le entregó una placa homenaje en su trayectoria.

La ética del «Off the Record» y el amor por el oficio

Durante la entrevista, Irusta reflexionó sobre uno de sus mayores capitales: la confianza del boxeador. «Uno de los capitales que he ido acumulando es saber diferenciar lo que se cuenta y lo que no», confesó [06:06]. Esa discreción le permitió ser parte de la intimidad de figuras como Monzón, Loche y Galíndez, aunque admitió con hidalguía que solo una vez quebró esa regla con Santos Benigno Laciar, anécdota que detalla en su libro para no «barrer bajo la alfombra».

Para Carlos, el boxeo y el periodismo son inseparables. Su trayectoria de 30 años en la revista El Gráfico y los 25 años al frente de Ringside [11:34] lo avalan como el gran cronista argentino. «Si no hubiera habido una trayectoria periodística detrás, sería mucho más difícil» [05:13], señaló, destacando que su mayor mérito fue saber aprovechar el tren cuando pasó.

Recuerdos de un Luna Park que era su casa

Irusta se crió literalmente en el estadio de Corrientes y Bouchard. Su padre fue entrenador y encargado de los vestuarios, lo que le permitió vivir la rutina diaria del mítico coliseo. Recordó con especial nitidez la épica y dramática batalla entre Saldaño y Tito Yanni [01:04:14], calificándola como una de las más electrizantes que presenció en el Luna.

También hubo lugar para las comparaciones inevitables. Al ser consultado por sus favoritos, no dudó: el mejor argentino de todos los tiempos es Carlos Monzón, y el número uno mundial, Muhammad Ali, no solo por su técnica, sino por su trascendencia social [01:21:05].

El presente y la pasión intacta

A pesar de haber entrevistado a leyendas como Roberto Durán o Sugar Ray Leonard, Irusta mantiene la humildad de los grandes. El profesor Albelo lo sorprendió con una recopilación de láminas centrales de su propia revista, un gesto que emocionó al invitado y reforzó el clima de camaradería que se vive en el club.

Sobre el boxeo actual, Irusta se mostró crítico con el «exceso de laboratorio» (rehidrataciones, pesajes 24 horas antes) que a veces opaca la esencia del peleador [58:14]. Sin embargo, su pasión sigue intacta: «Me gusta ir a las peleas… a veces pongo más énfasis en saludar al que perdió que al que ganó, porque cuando un boxeador pierde es cuando más solo se queda» [01:26:02].

Una distinción merecida

Hacia el final del programa, el Defensores de La Boca Boxing Club le hizo entrega de una placa en reconocimiento a su inmensa trayectoria y su permanente apoyo al deporte [01:23:52].

Carlos Irusta no solo «estuvo ahí»; sigue estando. Y para quienes formamos parte de Boxeo de Barrio, escucharlo es volver a entender por qué este deporte nos enamora. El próximo 23 de abril, el maestro promete un nuevo «ruido» con un lanzamiento especial de su libro [10:27]. Allí estaremos, como él, para poder decir que también estuvimos ahí.

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