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Karen demostró ser campeona del mundo en Bologna el año pasado y volvió a demostrarlo anoche en París.

Por Stefano Stefanelli.
Coach, preparador deportivo y nutricional

Lamentablemente, una vez más, Karen no pudo llevarse a casa ese cinturón que, desde mi punto de vista y según la opinión de muchos expertos del ambiente, merecía ganar.

Desde el primer día, Karen y su equipo tuvieron que enfrentar situaciones difíciles, desorganización, presiones y actitudes que no tienen nada que ver con los verdaderos valores del deporte. Pedidos de último momento, condiciones poco claras y decisiones muy discutibles generaron estrés y tensión en un momento en el que una atleta debería estar en las mejores condiciones para poder expresar todo su potencial.

A todo esto se sumó también un momento físico delicado, con la llegada de su ciclo menstrual pocos días antes de la pelea, algo que inevitablemente puede influir en la energía, la fuerza y la recuperación.

Durante el combate, además, fue evidente cómo la atleta local intentó repetidamente cortar las acciones más efectivas de Karen, amarrándose y trabándola durante tiempos excesivos, especialmente en los momentos en los que sentía la potencia de sus golpes.

Estas situaciones, toleradas demasiadas veces por el árbitro, terminaron rompiendo el ritmo de la pelea, cansando a Karen y generando condiciones peligrosas, también a través de choques de cabeza que lamentablemente le provocaron heridas en más de una ocasión durante el combate.

A pesar de todo, Karen demostró una vez más disciplina, coraje y corazón. Incluso sin estar al 100%, peleó con manos pesadas, determinación y espíritu de verdadera guerrera hasta el último round. Desde mi punto de vista, ganó 6 o 7 rounds sobre 10, mostrando calidad, carácter y superioridad en muchos momentos de la pelea.

Lo que vimos nosotros, lo que vieron muchos de los presentes y lo que percibió el público, lamentablemente no se reflejó en el fallo que Karen merecía. El cinturón WBA no le fue otorgado, pero eso no borra el valor de su actuación.

Estoy profundamente dolido y apenado, porque Karen demostró ser campeona del mundo en Bologna el año pasado y volvió a demostrarlo anoche en París.

Querida Karen, para mí fuiste campeona en Bologna, fuiste campeona del mundo en París y sos campeona del mundo en las tres existencias: pasado, presente y futuro.

Sos una campeona en la vida, todos los días.

Con profundo respeto, te deseo una vida llena de protección, amor y valor.

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